
Tuve que dejar pasar un tiempo antes de escribir esto. ¿La razón?: Si no esperaba iba a escribir “en caliente” y probablemente iba a ser demasiado agresivo. A pesar de eso, teniendo la cabeza un poco más fría, sigo medio choqueado (incluso enojado) por la cultura islámica.
Tengo antecedentes de ser anti-religioso y lo asumo. Por lo mismo iba relativamente preparado a encontrarme con algunas costumbres y formas de pensar medio extremas en este sentido. Al mismo tiempo sabía que Marruecos es, dentro de los países islámicos, de los más moderados. Tomando en cuenta esto último me cuesta imaginarme como serán los países más “extremos”. Es decir, me lo puedo imaginar, pero me parece francamente espantoso.
Lo que más me chocó fue el trato a la mujer. Uno podría decir que esto es cultural y no religioso, pero la evidencia dice lo contrario. Primero uno ve una sistemática reducción de los derechos de la mujer en los países islámicos. Segundo, la religión justifica (y muchas veces incentiva) explícitamente el desprecio a la mujer, que muchas veces tiene menos valor que una pieza de ganado (literalmente).
Alguien podría decir que, por ejemplo, la iglesia católica también aboga por reducir los derechos de la mujer (de hecho lo hace), pero los católicos son unos niños de pecho mal nutridos comparados con los musulmanes en este plano.
En mi experiencia lo primero que me llamó la atención fue la cantidad de mujeres completamente cubiertas que uno ve en las calles (la foto de arriba es una selección hecha a la rápida dentro de las fotos que tomé). Si hubiera sido solo eso podría haber concluido que era simplemente una costumbre, pero los antecedentes posteriores dicen otra cosa.
El guía del pequeño tour que tomamos llevaba años haciendo lo mismo y seguramente estaba acostumbrado a tratar con mujeres “occidentales”. Sin embargo no tenía problema en decir (y bien en serio) cosas como las que citaba en el
artículo anterior: Que las mujeres no trabajan y por lo tanto no deben nutrirse mucho. Que solo los hombres hacen el trabajo importante y las mujeres deben estar en su casa, etc. A lo anterior se sumaba una actitud mucho más condescendiente (y un poco despectiva) a lo que opinaran las mujeres del grupo, no así a lo que dijéramos los hombres. Digamos que esto podría ser una excepción, aunque en verdad no parece ser caso, considerando que nuestro guía estaba bien “occidentalizado”.
En la calle nunca es una mujer la que se te acerca para ofrecerte algo, siempre es un hombre. Los negocios casi nunca son atendidos por mujeres. Cuando caminaba con la Pancha, nunca se dirigían a ella (era como que no existiera), pero si caminaba ella sola recibía mucha (demasiada) atención, aunque no precisamente para ofrecerle artesanías sino para acosarla de manera descarada y (voy a sonar mamón) poco respetuosa. Un dato interesante es que los hombres en marruecos se autodenominan “leones” y las mujeres son “gacelas”… si han visto Animal Planet saben bien que es lo que hacen los leones con las gacelas.
La restricción a la libertad de circulación a las mujeres es tan fuerte que casi nunca se veían mujeres viajando solas en los buses, siempre iban acompañadas de un hombre, muchas veces haciendo el viaje solo para cumplir su rol de “chaperón”. Una mujer caminando sola es, al parecer, sinónimo de “suelta” y los hombres se sienten en todo su derecho de abordarla. Quedan medio descolocados cuando son ignorados: en su mentalidad esa mujer debería obviamente haber caído instantáneamente rendida a sus pies ante tanta “hombría”. En los cafés (o salones de té) no hay mujeres, solo hombres que mantienen los locales llenos durante casi todo el día. Uno se pregunta si les pagarán por tomar café, porque cuesta imaginarse a qué hora trabajan. Demás está decir que en general todo está separado por género y el primer lugar donde se ve esto es en las mezquitas.
Esta forma de pensar es inculcada en los musulmanes desde chiquititos. Compramos un libro de cuentos infantiles marroquíes y nos encontramos con que, además de constantes citas al Corán, están llenos de moralejas machistas: El hombre que deja a su mujer porque no le puede dar hijos se hace rico. El hombre que sigue los consejos de su mujer cae en la miseria. Hay una cita textual que extraigo de uno de los cuentos y que es bien representativa: “Consulta a tu mujer pero jamás sigas su consejo”. Que lindo, ¿no?... y en un libro de cuentos infantiles.
Por lo mismo Lonely Planet advierte, en la introducción de la guía para Marruecos, que es creencia popular que los europeos (y los “occidentales” en general) son derechamente tontos. Principalmente porque tratan a sus mujeres como iguales, lo que los hace de alguna forma inferiores.
Recientes cambios en la legislación han mejorado un poco la situación de la mujer en Marruecos (en el papel al menos) pero los nuevos derechos que se les “conceden” parecen broma si uno los compara con los derechos básicos de cualquier ser humano en el “resto del mundo”, o en el mundo secular al menos (de este lado de la mezquita/sinagoga/iglesia/templo en general).
El trato a la mujer no es lo único “feo” que me toco ver. Una noche conversando con un marroquí, que había asistido durante cuatro años a la “universidad” para estudiar religión, hice (delicadamente) algunas preguntas religiosas. Quedé pasmado cuando fue incapaz de explicarme las cosas más básicas pero si me recitó de memoria partes del Corán. Sus 4 años de estudio habían consistido principalmente en aprender de memoria el libro. Y el tipo claramente aspiraba a ser un líder espiritual y moral: quería ser imán (una especie de sacerdote). Le pregunté qué pasaba si alguien no creía, me dijo que eso no pasaba, que era imposible, solo los turistas no eran musulmanes en Marruecos, según él. Después otro marroquí me daba una explicación más sensata: si no crees, lo ocultas hasta el día en que te mueras.
Esto último es lo más preocupante. El Islam es absoluto, la gente repite como loro sin entender mucho y pertenecer a él es algo incuestionable si te toco nacer en algunos países (o de otra forma arriesgas tu vida). Da la impresión de que nada es cuestionable y todo se soluciona con la interpretación textual de algún pasaje del Corán. Bueno, en esto último todas las religiones son bien parecidas, pero el islam es más extremo.
Quería escribir sobre muchas cosas más pero ya me alargué mucho y sospecho que los lectores a estas alturas pierden el interés. Me imagino que el trato a la mujer es muestra representativa suficiente para hacerse una idea de lo buena o mala que es una cultura o religión, saquen ustedes mismos sus conclusiones. Solo quisiera agregar que el principal problema es justamente la inexistencia de un límite claro que separe la religión de la cultura. En este caso (y me imagino que es lo mismo en otros países musulmanes) religión y cultura son la misma cosa, todo gira en torno a la religión y nada nunca es cuestionado. La gente es tan irreflexiva como el más extremo de los opus-dei, con la gran diferencia de que estos son países llenos de opus-dei con turbante. Ya, si se que la metáfora es incorrecta: pobres musulmanes, no andan todos con turbantes y, la verdad, decir que son como los opus es equivalente a sacarles la madre. Pido mis disculpas (y le temo a los atentados explosivos).
No quiero ser malinterpretado. Marruecos es un país increíble y su gente es, en general, hospitalaria, bondadosa y simpática. Pero sin duda estarían mejor sin la opresión del Islam, así como el mundo estaría mejor sin la influencia excesiva de las religiones en general.